Encuentro Zapatista Mujeres del Mundo que Luchan

Tejiendo una masculinidad consciente: diálogos de hombres acompañantes de asistentes al Encuentro internacional de mujeres que luchan

Por Enrique Dávalos

“Queremos agradecer… [asi]mismo a nuestros compañeros que tuvieron que quedar para cuidar nuestra familia, nuestros animales, nuestras casas, nuestros cuarteles, nuestros campos, y que estuvieron pendientes por si los malos gobiernos hacen alguna maldad contra del encuentro.”

Son palabras de las compañeras zapatistas “de los cinco Caracoles” para clausurar el “Encuentro internacional de mujeres que luchan” realizado en Caracol Morelia, Chiapas, en Marzo de 2018.

En el mismo comunicado, las compas zapatistas agradecen a las mujeres ciudadanas de los equipos de apoyo “que bien se chingaron” y a las compañeras zapatistas “que no pudieron venir”; pero principalmente agradecen a las “hermanas y compañeras mujeres que luchan” entre las más de 5,000 que acudieron al llamado de las mujeres zapatistas.

En su comunicado final, las mujeres zapatistas hacen un llamado a no apagar el fuego, a “prenderle fuego al sistema” comprendiendo que “no habrá ni verdad, ni justicia, ni libertad, en el sistema capitalista patriarcal.” Hacen un llamado especial a las mujeres que no entienden la dimensión profunda de su lucha: “vimos y escuchamos que no todas están contra el sistema capitalismo patriarcal” y les exhortaron a que “lo estudiemos y lo discutamos.” El comunicado completo que resume el trabajo del impresionante Encuentro se encuentra en Enlace Zapatista: “Palabras de las mujeres zapatistas en la clausura…

Afuera del Encuentro, al lado del estacionamiento, nos encontramos un grupo de unos 300 hombres que también asistimos y no pudimos entrar. Lo que siguen son palabras de cómo la vimos y qué hicimos la mayoría de esos que sin ser mujeres hicimos nuestro el Encuentro.

@ — @– @ –@

Este recorrido empieza con el llamado del EZLN a celebrar un encuentro internacional de mujeres que luchan. Un grupo pequeño de mujeres y la Sexta apoyadas por un grupo aún más pequeño de hombres y mujeres de RedMycz con el apoyo del Centro Bar y Restaurante feminista Punto La Gozadera se propusieron dar el ancho ante la demanda impresionante de solicitudes para asistir al 1er encuentro de mujeres del mundo coincidiendo con el día internacional de la mujer. Como dijo una compa del EZLN en el evento, “hubo un cero de más” pues esperaban que llegaran 500 mujeres al encuentro y llegaron como 5,000. Una concurrencia muy exitosa sin duda galvanizada por la campaña de Marichuy en meses pasados y que es un triunfo para las redes que activistas del CNI, la Sexta y otras más que hicieron lo necesario para apoyar el llamado zapatista. Más de 5,000 mujeres de diez o más países asistieron al Encuentro convocado con tan solo dos meses de anticipación.

Prohibido hombres (Rosa) Sm
Entrada a Caracol Morelia– Dos carteles dan la bienvenida a las mujeres y prohiben la entrada de hombres

El grupo organizó 11 autobuses que salieron de la Ciudad de México, de la Gozadera rumbo a Chiapas. Me tocó ir en el bus # 10, coordinado por mi compañera Rosa María. Fui el único hombre viajando con 44 mujeres. “Un valiente que se atreve a ir” ironizaba Claudia Torres de Mujeres y la Sexta, coordinadora de la compleja caravana de 11 autobuses. Algunos autobuses, como el Bus # 9 decidieron que ningún hombre viajaría con ellas. Después de casi 24 horas de camino finalmente llegamos al impresionante y bello Caracol Morelia en territorio autónomo zapatista de Chiapas. Eran como las 3 de la mañana cuando llegamos y ya había decenas de autobuses y autos en el estacionamiento. Ahí mismo, Rosa María y las demás compañeras se despidieron de Fabián y yo, los únicos dos hombres de toda nuestra caravana de 500 mujeres. Nosotros nos encaminamos al campamento con otros 300 hombres, muchos de ellos en la misma situación de ser los únicos o casi únicos hombres viajando en un autobús de mujeres. Las compañeras siguieron su camino hacia dentro del caracol, donde ya varios miles de otras mujeres se preparaban para iniciar el evento que daría inicio en unas cuantas horas. Nosotros nos fuimos al campamento de hombres.

Desde el inicio lo sabíamos: los hombres no eran invitados a talleres y actividades del Encuentro. Nuestra asistencia se orientaría a preparar la comida, lavar los trastes y mantener limpios los baños. Aun así yo tenía esperanzas de escuchar algunas participantes, como las mujeres de Ciudad Juárez, capital mexicana de los feminicidios hoy disputada por el Municipio de Ecatepec en el Estado de México. En cualquier caso yo pensaba que separados de día podría pasar la noche con mi compañera en la tienda de campaña que llevamos. No estaba preparado para la enorme manta que nos recibía diciendo: “hombres prohibida la entrada.” Manta imponente debajo de una mayor que daba la bienvenida a las mujeres. Los hombres estaríamos aparte, en un rincón atrás del estacionamiento de los autobuses. Me sentí excluido y molesto; pensé en regresar inmediatamente a casa. Sin embargo, me sobrepuse del golpe a mi ego reconociendo la importancia y pertinencia de un encuentro de mujeres.

¿Recuerdan la película de Buñuel donde el director obliga a un grupo de burgueses a convivir de manera forzada íntima y continua por varios días y bajo el mismo techo? No les queda más remedio que exponerse y mostrarse tal cual son. Así nosotros en el Encuentro. Un grupo de unos 300 hombres deambulando sin agenda y escuchando a lo lejos los gritos de miles de mujeres que emocionadas coreaban las presentaciones realizadas por las mujeres zapatistas de Chiapas. Un grito emocionado que nos acompañaría como telón de fondo durante los tres días del Encuentro. Pronto descubrí que no teníamos nada que hacer; ni siquiera los baños y la cocina de nuestro pequeño campamento pues los compas zapatistas de Chiapas, también excluidos del Encuentro, ya estaban organizados para esas tareas. Dentro del caracol, las compañeras zapatistas se hacían cargo de esas y todas las tareas que un encuentro de esa envergadura requiere. Demostraban, con la mayor tranquilidad que no necesitaban de los hombres. Y entonces, ahí estábamos, un montón de hombres atrapados sin oficio ni beneficio. De pronto, como si fuera parte de un plan preconcebido, dos mujeres zapatistas cambiaron nuestra situación. Llegaron con sus paliacates sobre el rostro a pedir que moviéramos las tiendas de campaña para dejar que otros hombres sin tiendas que venían llegando pudieran dormir bajo el único espacio techado del campamento. Nos reunimos en círculo para escuchar a las compas que dieron su mensaje y se fueron dejándonos reunidos. ¿Y ahora qué? “Compas—dijo uno de los hombres– ¿qué tal si platicamos y compartimos experiencias?” Así empezó un diálogo de hombres que seguiría por tres días.

DSCN4858
Círculo de hombres discutiendo el machismo vs. la masculinidad consciente

Desde la primera charla descubrimos que éramos un grupo extremadamente diverso aunque a la vez muy homogéneo. Diverso en edades con niños, jóvenes de 19, adultos en sus 20s y hasta en sus 70s. Diverso en sus profesiones con pescadores, agricultores, trabajadores mecánicos, estudiantes, académicos y fotógrafos. Diverso en sus compromisos y perspectivas con activistas de la Sexta, marxistas, anarquistas, granjeros por la sustentabilidad, músicos itinerantes, y bicicleteros recorriendo Latinoamérica. Diverso con hombres de Chiapas, Jalisco, Sinaloa, Colima, Michoacán, Coahuila, Estado de México, Distrito Federal, Colombia, Italia, España, Brasil, Suiza, Islas Canarias, y un numeroso grupo de Argentina. Pero era homogéneo pues casi todos íbamos acompañando a compañeras y porque al parecer todos éramos heterosexuales masculinos. También había compañeros zapas; algunos milicianos y otros civiles, pero ellos comían y dormían aparte y tenían otra dinámica diferente a nuestro grupo.

Uno de los dos concejales del Concejo Indígena de Gobierno (CIG) de Michoacán que venían, el compa Francisco Reyes, se dio a la tarea de facilitar nuestra charla. En el diálogo de compartir experiencias, un compa, creo argentino, habló de su masculinidad, de su malestar con sus privilegios de género y de su ambigüedad en cómo encarar el desafío feminista en su vida diaria. Esto destapó al elefante en el cuarto. Desde allí comenzaríamos una conversación de días en círculos, algunos plenarios y otros en grupos pequeños. Discutimos qué discutir por más de dos horas y escogimos explorar el patriarcado, el machismo y cómo se enmarañan en el trabajo, la pareja, familia, paternidad, sexualidad, lenguaje y demás. Hablamos de jugar al espejo o sea vernos a nosotros aunque pronto descubrimos lo fácil que era desviarnos, esquivar incomodidades, y hablar de las mujeres más que de nosotros mismos. Pienso que éramos feministas, es decir, que con bajas y altas nos declarábamos a favor de la igualdad de oportunidades para mujeres y hombres; no en balde estábamos allí. Pero como que eso nos daba una armadura para ocultar nuestras debilidades y contradicciones. En especial nuestra “falta de huevos” como decía otro compa argentino, para luchar contra el machismo en nuestros medios, escuelas, familias, trabajo, etc. Nuestra debilidad para no oponernos a comentarios o bromas machistas o misóginas que dejamos pasar con un silencio cómplice.

Durante la conversación, algunos de nosotros propusimos hacer un escrito y enviarlo al Encuentro, algo así como que los hombres nos solidarizamos con el Encuentro de Mujeres. Pero otros, más sensibles, se opusieron. Parece de buena intención, dijeron, pero lo que menos necesitan las compañeras en el Encuentro es nuestro protagonismo. Dejémoslas en paz y refrenemos nuestros deseos por los reflectores. Aunque sea por ahora mantengamos silencio y en la sombra. Todos asentimos.

Conversando y discutiendo, empezamos a delinear eso que empezamos a llamar “masculinidad consciente.” Salieron muchos puntos aunque no todos participaron. La resistencia a esta conversación no se dio tanto en las discusiones sino más bien los que no querían, por una u otra razón, simplemente se alejaron del círculo. Cuando algunos loaban su compromiso con la igualdad de oportunidad para mujeres y hombres el compañero Agustín de Argentina nos llamó a la prudencia. “No me voy jactar de lo que no soy,” dijo. Y nos recordó que hay machos de derecha, pero también de izquierda, o sea compas bien luchones contra la explotación de clase y la opresión de culturas pero igual de mandones y represores al interior de la familia.

En varias ocasiones vimos que las leyes del EZLN y los principios del Consejo Nacional Indígena (CNI) eran muy buenos para nuestra discusión de cómo luchar contra el machismo patriarcal. En los siete principios del CNI de servir y no servirse, construir y no destruir, obedecer y no mandar, proponer y no imponer, convencer y no vencer, bajar y no subir, y representar y no suplantar encontramos una guía formidable para construir buenas relaciones con las compañeras. Por otro lado, la Ley revolucionaria de mujeres del EZLN dice: “En su justa lucha por la liberación de nuestro pueblo, el EZLN incorpora a las mujeres en la lucha revolucionaria sin importar su raza, credo, color o filiación política, con el único requisito de hacer suyas las demandas del pueblo explotado y su compromiso a cumplir y hacer cumplir las leyes y reglamentos de la revolución. Además, tomando en cuenta la situación de la mujer trabajadora en México, se incorporan sus justas demandas de igualdad y justicia.” Esta ley tiene 10 puntos que recogen demandas de mujeres de México y del mundo y no sólo de Chiapas: derecho a planear y decidir en la procreación, a participar en las decisiones y liderazgo de la comunidad, a la salud y una alimentación saludable, a elegir pareja o no tenerla, a participar en la lucha por justicia social con las mismas oportunidades y responsabilidades que los hombres, y a estar libre de toda clase de violencia, incluyendo la sexual, con severos castigos para los intentos de violación. (Ley revolucionaria de mujeres) Decidimos circular esta ley en todas nuestras comunidades.

Sobre machismo en lo laboral, salieron varias conversaciones. El compa Jesús de Sinaloa nos dijo que en su comunidad, la actividad de la pesca está de facto vedada para las mujeres. No conozco, dijo, una comunidad donde haya pescadoras mujeres. Pero hay una cooperativa de pescadoras en Oaxaca, refutó otro compañero. En cualquier caso se reconocía que aún hay campos laborales cerrados a las compañeras. Se ha avanzado, dijo uno, pero ¿a qué precio? preguntaban otros pensando en mujeres en posiciones de autoridad que son tan explotadoras y represivas que los hombres. Yo, que radico en Estados Unidos, no apoyo la lucha de mujeres que quieren ser policías o agentes de la Migra en ese país, dije. Queremos igualdad de oportunidades pero para cambiar el capitalismo, no para que haya ahora mujeres represoras. Pero eso no te toca decirlo, me contestaron. Es decisión de las mujeres y no tuya en que sí y en qué no trabajan. Igual no apoyo esa lucha, contesté. El compañero José de Colombia nos recordó, al respecto, que lo masculino y lo femenino pueden ser encarnados por igual por hombres y mujeres. Cuando Angela Merkel gobierna la Alemania capitalista, ella está encarnando lo masculino, por mucho que sea mujer.

Varios compañeros manifestaron que era la primera vez que tenían conversaciones de este estilo. Un momento dramático se dio cuando el compa Francisco, concejal purépecha, lloró. Dijo que ahora comprendía el sufrimiento que había ocasionado despreciando a las mujeres y a los gay. Estas pláticas son muy nuevas en mi comunidad, dijo. Este concepto de masculinidad consciente es algo nuevo; “el hecho de descubrir cómo hemos despreciado a las compañeras y a los compas gay” me duele mucho. No sé cómo vamos a traducir estos conceptos a mi lengua purépecha.

Aquí quiero enfatizar las pláticas en el tercer día que se centraron en la sexualidad. Salieron temas diversos: pornografía, baile, cuerpos, piropos, caballerosidad, eyaculación, seducción, lenguaje y más.

De la pornografía se dijo que es una forma de poder machista; que la pornografía es consumida principalmente por hombres, tanto heterosexuales como homosexuales.

Sobre el baile y las formas de saludarnos se dijo que es un campo de lucha entre machismo y masculinidad consciente. Hay quienes bailan y se saludan retándose y golpeándose, pero es mejor hacerlo abrazándose o besándose. No tenemos por qué esconder nuestro afecto o recurrir a golpes y desafíos para manifestarlo; hay que dejar de reprimir nuestra parte femenina. Hay que aprender a crecer hacia abajo, decía un compa sudamericano, usando una metáfora zapatista.

Las referencias al cuerpo salieron entre varias conversaciones. El capitalismo cosifica los cuerpos como mercancías. Una y otra vez se hicieron llamados a no apoyar la sexualización, mercantilización o cosificación del cuerpo de la mujer aunque avanzamos poco en el significado de esos términos. Se habló, sin embargo, sobre los olores y la depilación. Es machismo andar queriendo que la mujer huela a perfumes y rosas en todo momento. “La mujer debe depilarse para ser bonita,” se dice, pero si queremos a una compa entonces queramos también sus olores y sus vellos en genitales y axilas. Nuestro cuerpo es territorio constante de lucha, es como el “gerundio,” dijo un compa, un constante estar siendo. Y nuestro cuerpo es también un cuerpo colectivo en la familia y la comunidad donde también hay que luchar.

Sobre el erotismo hubo opiniones diversas aunque tampoco pudimos ir a fondo. El compa Víctor de Ecatepec defendió el poliamor. Después de varios fracasos, dijo, ahora prefiero relaciones más libres y conscientes, sin tanta exclusividad y sin tanta carga emocional. Yo me quedé pensando en lo difícil que me sería separar amor de sexualidad y hacer el amor sin enamorarme. En cualquier caso, un compa subrayaba que la sexualidad es elegida, un goce biológico y cultural entre hombres y mujeres, entre hombres, entre mujeres o con uno mismo.

Un compa habló desde la doctrina del Tantra. Nos explicaba que la sexualidad es más que la genitalidad, más que el falo, pues la sexualidad es también sagrada, es un lenguaje de energías que dialogan en una invocación a la vida. En el capitalismo hay una sexualidad enferma, andrógina, que equipara el placer masculino a la eyaculación. Y ve al cuerpo como objeto de conquista: “voy a conquistar a esa mujer” cuando lo que debiéramos hacer es cortejar, o como dice uno de los principios del Congreso Nacional Indígena, se trata de convencer, no de vencer. El capitalismo impulsa el mercado sexual y la trata de cuerpos. Se sexualiza el amor llamando a la mujer “mi cola” o “mi nalga” pero hay que recuperar el territorio sagrado de la sexualidad como erotismo.

La intimidad no siempre es un área de confort para los hombres. A nosotros nos cuesta expresarnos; somos emocionalmente menos conscientes que las mujeres. La intimidad sexual nos angustia: nos es incómodo que la mujer diga que no y también el nosotros decir que no cuando ella quiere. Allí entra en juego nuestra hombría.

Un tema crucial es el lenguaje, que incluye las actitudes. La caballerosidad, por ejemplo. ¿Dónde deja de ser un detalle de cariño para tornarse en una fobia posesiva masculina? Un compa europeo que trabaja de mesero nos dijo lo difícil que es dejar de acostumbrarse a siempre llevar la cuenta al hombre aunque sea la mujer quien la pidió o se pague entre varias personas. Es absurdo seguir masculinizando el plural, dijimos. ¿Pero cómo reemplazar el “nosotros,” por ejemplo? Hay varias propuestas, como se sabe: “nosotras/os,“ “nosotraos,” “nosotr@s,” o “nosotrxs.” Otros compas dicen que en Sudamérica se está empezando a usar la e neutral, como en “nosotres.” La discusión sigue.

El lenguaje machista atribuye significados buenos a lo masculino y malo a lo femenino, aunque hay ambigüedades. Usamos “chingar” para agredir, como en “te voy a chingar” que originalmente significa “te voy a violar.” Usamos “me vale madres” para decir “sin valor” pero “está padre” para dar valor. Sin embargo es ambiguo, pues también decimos, “a toda madre” para algo que vale, o “me vale verga” para algo sin valor.

Lo más importante es ser consciente del lenguaje que usamos. Por ejemplo, unos compas proponen decir abracémonos” que suena menos posesivo que “abrázame.” O los piropos en la calle, que aunque los digas bonitos y los llenes de “florecitas” son extremadamente sexistas, machistas y violentos. Y evitar el colmo del machismo disfrazado de buenas intenciones como cuando se dice: “yo apoyo a la mujer en tareas domésticas,” como si fueran tareas de suyo de ellas. El lenguaje puede abiertamente reforzar la doble o triple explotación hacia las compañeras como cuando se dice que “yo llevo el dinero a casa y tengo derecho a descansar y que me sirvan,” como si el trabajo doméstico y la educación de l@s hij@s no valieran ni fuesen trabajo.

También hablamos de dar la lucha como hombres y en círculos masculinos. Hablamos de no tener miedo a cuestionar el machismo en el lenguaje, de no solapar, encubrir, ni rehuir a la discusión. Pero ¿cómo encarar a hombres que queremos, como padres, hermanos y amigos machistas? ¿Cómo cuestionar incluso a madres o hermanas que promueven valores machistas o que de plano son ellas bien machas? No queremos romper con ell@s pero hay que decirlo, entendiendo que los sentimientos son más poderosos que las razones y que apenas estamos iniciando este cuestionamiento.

No es fácil. La verdad me siento incómodo en grupos dónde sólo hay hombres. Las conversaciones “entre cuates” se sexualizan y se llenan de misoginia. Recuerdo varios compas de lucha que son bien honorables y respetuosos de las mujeres con que viven pero de cómo se transforman cuando están solos entre hombres. Empiezan a hablar de sus borracheras y avances sexuales con las mujeres que laboran en cantinas o asisten a los bares de la colonia. Estoy seguro de que jamás aceptarían que las mujeres en sus familias hicieran otro tanto.

Hablamos también de los feminicidios, o sea cuando el machismo se vuelve violento, criminal y asesino. Es cierto, pensamos, que esta violencia “extrema” no es sino la cara machista de sociedades enfermas de violencia y crimen y capitaneadas por narco estados. Pero igual es cierto que la brutalidad de los feminicidios ocurre también dentro de la familia. Un compa mexicano reportó en su círculo de discusión lo siguiente: El hombre trabajador es explotado y oprimido y luego duplica esa opresión en su familia; pero ¿qué pasa cuando pierde su capacidad de ser proveedor? “Mi papá hace la comida pero está resentido porque hay una dislocación de su visión de proveedor… Si el hombre proveedor pierde la fuente de trabajo cae en una contradicción, una devaluación de su identidad.” A nosotros no nos matan por ser hombres pero vemos con terror que cultivados en el machismo y al ser devaluados podemos volvernos asesinos.

Termino este recorrido con la pregunta que las mujeres nos pusieron en el espejo. ¿Cómo nos interpeló el “prohibido hombres” a la entrada del Encuentro? ¿Cómo nos afectó y cómo vivenciamos el espacio propio entre hombres? Sin esa prohibición no hubiéramos sido forzados y tenido la oportunidad de hablar entre nosotros y reconocer nuestras debilidades y contradicciones y los desafíos que enfrentamos para llegar al momento de un encuentro igualitario y humano donde los géneros aun existiendo no sean marcas de dominación y machismo sino expresiones de la hermosa diversidad humana.

Circulo de hombres foto final
Círculo de hombres. Foto final

 

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

w

Connecting to %s